Paolo siguió al oficial a través de los pasillos. A cada paso se preguntaba qué demonios estaba haciendo allí, pero era muy tarde para darse la vuelta. Además, pese a sus dudas, sabía que era lo mejor.
La última vez que había visto a Filippo, había sido muchos años atrás en el juicio llevado en su contra. Se había sentado en la última fila de la sala de tribunal y, mientras lo miraba, había pensado en lo mucho que lo odiaba.
El tiempo había pasado y el sentimiento se había quedado grabado en él