9: Un retraso inesperado

Como no podía creer lo que acababa de escuchar de su amiga, Alice buscó información sobre Richard en G****e y casi se cayó de espaldas cuando leyó la fortuna estimada de su familia.

—¿Qué hace un multimillonario en el apartamento de mi padre? —se pregunta.

—No lo sé, tal vez no quiera llamar demasiado la atención.

—Eso es ridículo. ¿Cómo no va a llamar la atención si hay miles de fotos suyas en internet?

—Míralo por el lado bueno. Parece estar interesado en ti y, por lo que leí, está soltero. Imagínate si consigues conquistar el corazón de un partidazo como ese.

—Ay, Laila, después de enterarme de algo así, ni siquiera voy a poder mirarlo a los ojos —confiesa.

—Claro que sí. Ahora es cuando debes mirarlo a los ojos, bien fijamente, para ser más exacta —Laila se ríe, divirtiéndose con las expresiones de Alice.

—¿Y si piensa que ya sabía quién era y por eso me acosté con él tan rápido? —comenta, empezando a crear paranoias en su cabeza.

—Deja de pensar eso. Solo un loco podría creer algo así —le da una palmada en el hombro con la intención de quitarle esa idea de la cabeza. —Sigue siendo la misma de siempre. Si cambias de actitud ahora, podría sospechar algo. 

—¿Cómo voy a actuar con naturalidad sabiendo que no es un hombre cualquiera?

—Es una persona común, Alice, y seguirá siéndolo hasta que tú decidas lo contrario. Piénsalo.

[…]

La jornada de trabajo terminó y Alice decidió pasar por casa para ducharse antes de ir a la casa de Endrick a hablar con él.

Ya eran más de las siete cuando llegó al apartamento y el hecho de encontrar todas las luces apagadas la dejó confundida.

Como tenía prisa, caminó hacia su habitación, pero se sobresaltó al ver la silueta de un hombre de pie en el pasillo.

—¿Richard? —pregunta asustada. —¿Qué haces aquí a oscuras?

—Te estaba esperando —responde.

—¿Ha pasado algo?

—No, no ha pasado nada, pero apenas podía esperar a que llegaras para que las cosas empezaran a pasar.

Aún en la oscuridad, Richard camina hacia Alice, la rodea con sus brazos grandes y fuertes y la besa en los labios.

—¿Qué crees que estás haciendo? —pregunta ella entre beso y beso.

—Llevaba queriendo hacer esto desde que te vi esta mañana en la empresa.

Sin decir una palabra más, Richard lleva a Alice a su habitación, la ayuda a quitarse la ropa y entra con ella en la bañera.

Aunque quisiera decir que no, no consigue oponer ninguna resistencia a lo que está ocurriendo. Simplemente deja que él tome el control de la situación.

Alice pierde la noción del tiempo que pasa en aquella bañera con él, pero cuando entra en su habitación y mira el celular, ve que ya pasan de las diez de la noche.

—Dios mío —dice sobresaltada.

—¿Qué pasa? ¿Ha ocurrido algo?

—Tengo un compromiso —dice mientras recoge la ropa que está tirada en el suelo.

—Ya es tarde. ¿No puedes dejarlo para mañana?

—No, no puedo —responde, saliendo de su habitación y dirigiéndose a la suya.

Rápidamente, Alice se pone otra ropa y se peina. Luego toma su bolso y sale hacia el estacionamiento del edificio donde vivía.

¿Cómo pudo olvidarse de que debía visitar a Endrick? ¿Cómo pudo dejarse llevar una vez más por las insinuaciones de Richard?

Mientras conduce, se culpa por haberse dejado llevar por un hombre al que acababa de conocer.

Al llegar a la casa de Endrick, toca el timbre varias veces hasta que él aparece. Esta vez, Endrick parece un poco abatido.

—Alice, ¿qué haces aquí? —pregunta confundido.

—Sé que es tarde, pero te dije que vendría, ¿no? —Se siente culpable por haber olvidado el compromiso, sobre todo sabiendo la razón por la que se retrasó.— Tuve un contratiempo, por eso no pude venir antes.

—Está bien, seguro que tenías tus motivos —dice él, haciéndose a un lado para dejarla entrar.

—¿Ya estabas durmiendo? —pregunta ella al entrar en la casa que conocía tan bien, después de haber vivido allí durante tantos años.

—No, estaba hablando por teléfono.

—¿Entonces interrumpí tu llamada?

—No, ya había terminado de hablar con mi madre —confiesa.

Entonces Alice mira a Endrick a los ojos y ve un enorme vacío en ellos.

Él ya lo sabía todo.

—¿Qué te dijo tu madre? —pregunta, temiendo la respuesta.

—Lo que ella me dijo no importa. Lo único que quiero saber es tu versión —dice él, sentándose en el sofá e indicándole que haga lo mismo.

—Endrick, siento mucho cualquier malentendido, pero quiero que sepas que, durante todo el tiempo que estuvimos juntos, jamás se me pasó por la cabeza engañarte —declara.

—Lo sé. Solo quería oír esa confirmación de tus propios labios —sonríe. Aunque su sonrisa no es muy animada, Alice sabe que él nunca sospechó de ella.

—¿Entonces no creíste lo que te dijo tu madre?

—Claro que no —responde de inmediato.

—El hombre que ella vio en mi apartamento no es más que…

Endrick levanta la mano, indicándole que deje de hablar.

—No necesitas explicarme nada sobre lo que haces o dejas de hacer después de nuestra ruptura. No voy a juzgarte.

Endrick siempre había sido comprensivo con Alice, y esa fue una de las razones por las que ella se enamoró de él. Sin embargo, por muy buena persona que hubiera sido, eso no bastó para que el amor perdurara.

—Admiro lo que acabas de decir, pero yo no puedo ser como tú —confiesa Alice. —En realidad, tu madre me dijo algo que no deja de dar vueltas en mi cabeza y necesito que me lo aclares.

—Siento mucho lo que ella te dijo. No quería que mis problemas llegaran hasta ti.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Alice, aunque tú no hubieras terminado conmigo, habría sido yo quien terminara contigo, porque no me queda mucho tiempo de vida.

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