Mundo de ficçãoIniciar sessãoLos problemas que ya tenía en la empresa no eran suficientes. El comentario de Richard dejaba claro que las cosas iban a empeorar.
—Esta es Alice Taylor, una pasante que, al parecer, aún no ha aprendido buenos modales, como llamar a la puerta antes de entrar —dice Vitório.
—Es un placer conocerla, señorita —dice Richard, extendiéndole la mano.
Ella lo mira con expresión de no entender absolutamente nada.
—No sea descortés, Alice. Él le está tendiendo la mano —dice Vitório al ver que ella solo se queda mirando a Richard sin reaccionar—. Este es Richard Carter, un reconocido arquitecto que hoy nos ha honrado con sus conocimientos.
—Lo siento mucho —dice ella, aceptando el saludo.
Al escuchar el comentario de Vitório, Richard se da cuenta de que al hombre no le agrada mucho Alice, así que se arrepiente de lo que dijo e intenta revertir la situación.
—Creo que ella no sabía que todavía seguíamos aquí, ¿verdad, señorita Taylor?
—No, en absoluto. Me informaron que la sala ya estaba vacía —responde ella. —Perdónenme por el inconveniente.
—No tiene por qué preocuparse. Nosotros ya terminamos de hablar, ¿verdad, Vitório? —pregunta Richard, mirando a Vitório, que asiente con la cabeza.
—Claro, ya habíamos terminado —responde con cierta incomodidad. —Puede hacer lo que estaba a punto de hacer, señorita Taylor. Nosotros ya nos vamos.
—Gracias, señor —responde ella, empezando a recoger las carpetas que están sobre la mesa.
—¿Qué le parece si almorzamos, Richard? —pregunta Vitório. —Invito yo.
—Gracias por la invitación, pero esta vez tendré que rechazarla. Tengo un compromiso.
—Está bien, entonces lo acompañaré hasta la salida.
—No hace falta. Tengo que revisar algunas cosas en mi computadora. ¿Le importa si me quedo aquí un rato más?
—Claro que no —responde. —Cuando vaya a salir, avíseme y lo acompañaré.
—No será necesario. Creo que la señorita Taylor puede hacerlo, ¿verdad, señorita?
Alice abre los ojos de par en par al escuchar a Richard, sin entender qué está pasando.
—Claro —responde ella.
—Muy bien, entonces la dejaré encargada de eso. Alice, por favor, procure no cometer ningún error —ordena Vitório antes de salir de la sala.
Quedarse sola con Richard en aquel lugar la hace sentirse un poco incómoda. Aun así, continúa con lo que estaba haciendo, aunque nota que él no deja de observarla.
—¿Arquitecta? —comenta Richard. —Me sorprende verla aquí. Pensé que, teniendo un padre comisario y una madre abogada, seguiría los pasos de ellos.
—¿Y los hijos tienen que seguir la profesión de sus padres? —pregunta ella.
—No necesariamente.
—Yo también estoy sorprendida de verlo aquí. Jamás imaginé que se dedicara a la arquitectura.
—¿Y qué pensó que hacía? —pregunta él, acercándose.
—No lo sé. No tuve tiempo de pensar mucho en eso. —Siente que sus mejillas se enrojecen al notar lo cerca que está de ella.
—Salió de casa tan temprano que pensé que desayunaríamos juntos.
—Tuve que hacer algunas cosas antes de venir aquí —explica.
—¿Tiene que ver con lo que pasó esta mañana?
—No quiero hablar de eso.
—Está bien. Entonces, ¿quiere hablar de nuestra noche?
—No —responde rápidamente, sintiéndose avergonzada. —¿No dijo que tenía cosas que hacer en su computadora? ¿Por qué está aquí hablando conmigo?
—Lo de la computadora solo fue una excusa para quedarme a solas con usted —confiesa—. Parece que su jefe le exige bastante.
—No se imagina cuánto.
—Eso debe estresarla mucho.
—Puede creerme.
—¿Almorzamos juntos? Le prometo que puedo hacer que se relaje un poco.
Al decir eso, se acerca a ella y deposita un beso en su cuello.
—Deje de hacer eso. —Alice se aparta rápidamente, como si acabara de recibir una descarga eléctrica.— ¿Cómo puede actuar así con tanta naturalidad?
—Es mi forma de ser, no puedo evitarlo.
—Nos conocimos ayer y actúa como si me conociera desde hace muchos años.
—No me gusta perder el tiempo y, para decirle la verdad, su forma de ser hace que actúe así, porque siento que puedo ser completamente sincero con usted.
—¿Qué quiere decir con mi forma de ser? —pregunta con curiosidad.
—Se lo diré si viene conmigo.
—¿Está jugando conmigo?
—Claro que no. Solo quiero disfrutar de su compañía un poco más —le lanza un beso al aire.
—No puedo ir. Quiero adelantar algunas cosas para salir más temprano.
—¿Está segura? Le prometo que no haré ni diré nada que la haga sentirse incómoda.
Una vez más, él se acerca, la toma por la cintura y la atrae hacia un beso.
—Amiga, no vas a creer lo que acabo de escuchar… —Sin siquiera llamar a la puerta, Laila entra en la sala y sorprende a Alice y Richard besándose.
Los dos se separan rápidamente, intentando disimular.
—¿Qué pasó, Laila? —pregunta Alice, sintiendo que las piernas le tiemblan.
—Será mejor que vuelva en otro momento —dice, dándose la vuelta para salir, pero se detiene al escuchar la voz de Richard.
—No hace falta que se vaya. Yo ya me iba —dice él. —Nos vemos en casa —susurra a Alice, que sigue paralizada por haber sido descubierta.
Richard sale de la sala, dejando a las dos mujeres a solas.
—¿Qué fue lo que acabo de ver? —pregunta Laila.
—Es él, Laila —responde Alice.
—¿Él? ¿Cómo que él? —pregunta, confundida.
—El hombre con el que estoy compartiendo el mismo techo y con el que pasé la noche.
—¿Estás loca? ¿Acaso sabes siquiera quién es Richard Carter?
—No, no sé nada sobre él.
—Amiga, es uno de los hombres más ricos de Estados Unidos. Además de tener un estudio de arquitectura, su familia es propietaria de la mayor importadora de vinos de Norteamérica.
—Estás bromeando conmigo —dice Alice, sin poder creerlo.
—No, no estoy bromeando. Pasaste la noche con un multimillonario, querida. ¿Tienes idea del poder adquisitivo que tiene ese hombre?







