Lizbeth
La alarma de mi celular suena mientras me retuerzo exhausta en la cama, paso una mano por mi cabeza tratando de olvidar la sensación extraña que no ha desaparecido desde ayer en la tarde. Bajo de la cama furiosa conmigo misma por estar dándole vueltas a la forma en que mi esposo, el molesto, estuvo tan cerca de mí en el auto y como la absurda curiosidad de cómo se hubiese sentido que me besara, se moviera en mis pensamientos.
¡Porque me daría curiosidad que él me besara!
Entro al cuarto