Capítulo 48. Casa de castigo.
-Eso es todo por hoy chicos. – Dije tambaleándome al levantarme de la silla en la que estaba.
-¿Se encuentra bien señorita Rose? – Preguntó uno de mis pequeños.
Por supuesto que no. Había estado dos noches sin dormir porque debía vigilar que el chico espalda de picadillo siguiera respirando. Fue un milagro que pudiera arrastrarme para cumplir con mi horario.
Al menos mis cachorros pre adolescentes entendieron que no podría darles clases en unos pocos días.
-Estoy bien, solo estoy cansada. –