**Ángela:**
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Fue como si lo hubiera anticipado, porque en el mismo instante en que mis labios rozaron los suyos, su mano me sujetó la nuca, inclinándome la cabeza mientras comenzaba a besarme con fiereza.
Me mordisquea con fuerza el labio inferior y, cuando jadeo, hunde la lengua en mi boca.
—¿Cariño? —la voz de Melinda resuena, acompañada del sonido de sus pasos bajando las escaleras.
Abro los ojos de par en par y lo empujo.
No sé de dónde saqué esa fuerza, pero me sirvió para apartarlo.
—Á