5

**Ángela:**

Me quedo allí sentada, el cuerpo rígido, los ojos muy abiertos por la impresión, con solo el latido desbocado de mi corazón retumbando en mis oídos y el roce de sus labios suaves y aterciopelados contra los míos.

¿Cassian me está besando… a mí? Oh, diosa, mi hermano mayor me está besando.

Mi mente, que se había quedado en blanco por la conmoción cuando Cassian selló mis labios con los suyos, empieza a procesar lo que está ocurriendo. Y, diosa…

El beso es exactamente como lo había imaginado, ni más ni menos. Levanto las manos y las enredo alrededor de su cuello, entreabriendo los labios para dejarle paso.

Él no pierde ni un segundo y hunde la lengua en mi boca, explorando cada rincón.

Gimo contra sus labios.

Diosa lunar, ayúdame. No puedo permitir que lo de la otra vez se repita, porque al final seré yo la que quede colgada otra vez.

Lo empujo con todas mis fuerzas, salto de la cama y pongo una distancia considerable entre nosotros, temblando de pies a cabeza por la avalancha de emociones.

—¿Por qué me has besado? Aquí no está oscuro para que me confundas con Melinda —pregunto, recolocándome las gafas torcidas.

Él se pone de pie, con una sonrisa que se extiende por su rostro, y se pasa la lengua por los labios con deliberada lentitud, como un crítico gastronómico saboreando un plato exquisito.

—Soy un hombre lobo, y nada menos que un alfa. Tenemos la capacidad de ver en la oscuridad, hermanita. En cuanto a por qué te besé, fue para que te callaras. No te vas a ir de aquí, y es definitivo.

¿Qué quiere decir con que «puede ver en la oscuridad»? ¿Se está burlando de mí porque ni siquiera de día veo bien sin gafas?

¿Cómo puede ser tan cruel conmigo, precisamente él? El pensamiento me deja un sabor amargo en la garganta y un dolor agudo en el pecho.

Qué patética soy.

Está claro que soy la única que no ha conseguido pasar página. La única que le da demasiadas vueltas a sus acciones. Él ha cambiado mucho.

—¡Tú no eres mi dueño! ¡Me voy! —le grito mientras él se da la vuelta para marcharse.

Se detiene y se gira hacia mí con una ceja arqueada, con la frase «¿Estás segura?» escrita en toda su cara.

Claro que es mi jefe. ¿En qué estaba pensando?

—Está bien, eres mi jefe, ¡pero no soy una niña! ¡Puedo cuidarme sola! —replico furiosa.

—Te quedas aquí, Ella, y esta conversación ya no está abierta a debate —murmura con frialdad antes de salir y cerrar la puerta de un portazo.

Abro la boca, pero…

—¡Achús…!

—¡Maldita sea! —maldigo, agarrando la lámpara de la mesita de noche con la rabia bullendo en mi interior, dispuesta a lanzarla contra la puerta mientras grito—: ¡Ese bastardo loco! ¿Cómo se atreve a…? —El resto de las palabras se me atragantan cuando la puerta se abre de golpe, y me detengo en seco al ver su irritantemente atractivo rostro.

—Date un baño caliente y baja en veinte minutos —me ordena. Luego, al ver la lámpara suspendida en el aire en mi mano, añade con provocación—: Lánzala contra la pared, da mejor resultado.

—¡Aaaah! ¡Vete ya! —chillo, arrojándole la lámpara. Pero el muy bastardo ni se inmuta.

El corazón me late desbocado mientras observo horrorizada cómo la lámpara vuela directa hacia su cara.

—¡Esquiva, por favor! —jadeo, cubriéndome el rostro con las manos temblorosas, el cuerpo sacudido por el pánico.

Cuando abro los ojos, la lámpara está en su mano… y hay un arañazo en su rostro.

—Cassian… —Corro hacia él, lo abrazo con fuerza y entierro la cara en su pecho.

—Lo siento. Yo… de verdad no quería hacerte daño —lloro, disculpándome. Él lanza la lámpara a un lado y me devuelve el abrazo.

—No fue nada grave. Mira, ya estoy curado —murmura mientras me acaricia el cabello. Pero yo no me separo para mirar. Lo había echado tanto de menos… su abrazo cálido, su olor masculino y embriagador.

Hacía tanto tiempo que no me abrazaba así.

—¿Qué ha pasado? Creí oír algo romperse.

El sonido de tacones apresurados sobre el suelo de porcelana y la voz preocupada de Melinda me hacen separarme por fin de él.

Genial, ¿cómo aparece justo en este momento? Me quejo para mis adentros mientras fuerzo una sonrisa y respondo:

—Nada grave, solo rompí la lámpara por accidente —explico, mirando el rostro de mi hermano. El arañazo ya ha desaparecido, así que los dejo enseguida, porque de pronto me invade otro impulso de estornudar.

Cierro la puerta tras de mí y me quedo allí, aguzando el oído para escucharlos.

—Mi amor, ¿estás bien? Ella tiene un resfriado y has estado muy cerca… Me preocupa que puedas… —está diciendo Melinda, pero mi hermano la interrumpe con sequedad.

—Suéltame.

—Vale —responde ella.

Suelto el aliento que no sabía que estaba conteniendo cuando se marchan. Luego me dirijo al baño para darme un baño.

~~~

Despierto con la luz del sol dándome en la cara.

—Genial, sobreviví a la noche —murmuro con sarcasmo, estirando los brazos y bostezando.

Alargo la mano hacia las gafas en la mesita de noche y me las pongo cuando noto una figura oscura en el sofá.

—¡Ay, por Dios! Hermano mayor —chillo asustada al verlo con claridad—. ¿Qué demonios haces en mi habitación tan temprano?

—Comprobar cómo estás —responde con tono neutro, mirándome como si yo fuera la que le está dando demasiadas vueltas a su presencia en mi cuarto a estas horas.

Se me eriza la piel al darme cuenta de que estoy medio expuesta, pero no me atrevo a mirar, porque sus ojos podrían seguir los míos.

Se levanta de golpe y yo doy un respingo. ¿Qué le pasa? Le encanta hacer eso.

Se acerca, extendiendo la mano hacia mi frente, pero yo retrocedo.

—Estoy perfectamente bien.

—Genial. Yo… —empieza, pero lo interrumpe un golpe en la puerta.

Toc, toc.

—¿Quién es? —pregunto. En lugar de respuesta, la puerta se abre y Brandon asoma la cabeza.

—Hola, amor.

—¿Brandon…? —murmuro, sorprendida de verlo aquí. ¿Lo habrá llamado mi hermano por lo de ayer? Me pregunto, lanzando una mirada al rostro de Cassian. Sin embargo, por la expresión tormentosa que tiene, está claro que no sabe nada.

—Brandon, ¿cómo es que estás aquí? —pregunto, bajando de la cama y yendo hacia él. ¿Qué se le ha metido en la cabeza para presentarse sin invitación de mi hermano?

Entra con un ramo de mis orquídeas favoritas y una cesta de frutas. No puedo evitar sonreír; es tan detallista.

Por eso lo quiero; es la segunda persona que me trata mejor, después de mi hermano.

—Esta mañana me encontré con Melinda y me dijo que tenías un resfriado, así que aquí estoy: tu médico personal por hoy —dice con tono juguetón, con una sonrisa contagiosa. Le devuelvo la sonrisa, sosteniéndole la mirada mientras me entrega el ramo.

Aspiro el aroma de las flores.

—Huelen maravillosamente. Gracias.

Brandon abre la boca, pero…

—¿Quién te ha dado permiso para poner un pie en mi casa? —El tono gélido y amenazante de mi hermano a mi espalda me deja congelada.

—¡Lárgate! —gruñe con su voz de alfa, liberando una oleada de feromonas opresivas que me afectan incluso a mí, que soy alfa. Imaginaos a Brandon, que es un delta.

Estamos perdidos. ¿Cómo se me había olvidado que él estaba aquí?

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