Pov Fernando.
He aguantando toda la noche las ganas de querer arrancarle el vestido a Samantha y pasarle la punta de mi lengua por todo el cuerpo como perro sediento; tengo que acomodar la erección que cargo desde que entré por la puerta cada nada, y las manos me pican por tocarla, pero esta molesta. Sus ojos llenos de rabia me lo dicen, sus semblante sobrio, y su sonrisa llena de ironía, y la entiendo, de verdad que entiendo toda la molestia que se carga, por esa razón aún no le he dicho todo