Los días pasaron y Enrique no podía quitarse de la cabeza la brecha que se había formado entre él y Ashley. En el trabajo, las interacciones eran tensas, y Ashley se mostraba esquiva, evitando el contacto visual y limitando las conversaciones a lo estrictamente necesario.
Decidido a enmendar las cosas, Enrique pasó noches en vela pensando en la mejor manera de recuperar la confianza de Ashley. Finalmente, una idea brilló en su mente: una cena tranquila para dos, lejos del estrés del trabajo y l