Sabía que su madre no se quedaría tranquila tras la denuncia, así que aquello lo tenía en una constante tensión, haciéndolo sentir como un animal acorralado a punto de recibir el golpe final. Y aunque ahora se encontraba en un aparente estado de tranquilidad, la sombra de la amenaza lo perseguía como un fantasma. Cualquier ruido inesperado lo hacía erizarse, y el simple sonido del timbre de la puerta provocaba que su corazón latiera desbocado.
«Necesito ver a un médico», se dijo al ser conscie