30. No vamos a discutir
No puedo creer que estoy aquí. Las manos me sudan de los nervios. El área donde vive Ander está cerca del hospital en el que trabaja; es un edificio moderno, con fachada gris y ventanas grandes. La entrada tiene una puerta de vidrio y las luces del lobby iluminan todo el lugar.
Camino hacia el elevador y presiono el botón. Subo hasta el sexto piso, donde él vive, sintiendo cómo cada piso que pasa hace que mi corazón lata un poco más rápido.
Al llegar a su puerta, respiro hondo y toco el timbre.