24. Cliché
Caminamos hacia la habitación y la tensión entre nosotros se vuelve casi palpable, pero no es una tensión que incomode; es esa electricidad tranquila que se crea cuando dos personas sienten y desean lo mismo.
Ander no suelta mi mano ni un instante y eso lo hace más fácil.
Con cada paso me atrae un poco más hacia él, lo suficiente para que mi hombro roce su brazo y mi respiración se vuelva más consciente. Siento su pulso acelerado en la palma de mi mano y sé que él siente el mío. No hablamos. No