Olivia
Estaba más que asustada, pero ir de la mano de Enzo me llenaba de valentía y orgullo.
Tomamos el famoso ascensor hasta la planta principal y a medida que íbamos avanzando al salón de fiesta, un par de hombres se ubicaban a nuestros costados y espalda aumentando el anillo de seguridad.
Estaba más que custodiada y no es para menos, teniendo un montón de buitres dispuestos a despellejarme por no ser una insípida italiana.
Cuando llegamos al salón la voz de Salvatore resono en el micrófono