Venir al taller me hacia tan feliz. Ver a Debbie y Nora morderse de la rabia era súper divertido. Las saludé desde lejos con la mano, pero me ignoraron por completo y seguí mi camino hasta la oficina. Cuando entré, Hayden estaba allí. Me miró y sonrió.
— Te he comprado algo — me dijo.
Se puso de rodillas y me quitó uno de mis zapatos, reemplazándolo por una pantufla color rosa. Luego hizo lo mismo con el otro pie. Hayden se levantó y me miró satisfecho.
— Apuesto a que esas son más cómodas — me