Los días transcurrieron pacíficamente en mi trabajo. Matteo me miraba, pero no se acercaba a mí, lo cual me estaba molestando un poco. Éramos adultos y colegas; un simple beso no podía dañar la amistad que ya habíamos construido. Lo vi ir a la cocina del lugar y rápidamente fui tras él.
— ¿Me vas a ignorar siempre? — le pregunté. Matteo volteó a verme y se encogió de hombros.
— Pensé que te sentirías incómoda después de lo que pasó — me dijo. Empecé a reír.
— Fue solo un beso, relájate — le dij