Me desperté con el olor a huevos fritos y café. Me estiré en la cama y luego me levanté, me puse el pijama y salí de la habitación hasta la cocina, donde estaba Hayden, con el torso desnudo y los jeans colgando de sus caderas. Él volteó a verme y sonrió, se acercó a mí y me dio un dulce beso en los labios.
— Espero que te guste la comida saludable — bromeó.
Lo abracé por la espalda y apoyé mi cabeza en su enorme y musculosa espalda.
— ¿Dormiste bien? — le pregunté.
Hayden separó mis manos de