La sensación de ver a un viejo amor cuyo final fue amargo y agonizante, no es agradable. Empeora el hecho de que Alan siga pareciendo casi el mismo. El mismo chico simpático que fue mi amigo, y con el que me besaba a escondidas en los pasillos oscuros de nuestra universidad. No porque era "tímido", sino porque éramos pareja solo en mi cabeza.
Debo haber hecho algún gesto que dejase en evidencia mi dolor por esos recuerdos asfixiantes, porque Kate está poniendo su cuerpo ligeramente a mi frente.