Llena de valentía y el temple de una guerrera, me alisto para un nuevo día. Meto mi celular apagado desde anoche en mi maletín, y compruebo que doy una apariencia digna frente al espejo. Decidí ponerme hoy mi traje de tela más gruesa, y muchos botones de por medio, junto a un abrigo igual de grueso.
—Me veo perfecta. Como si tuviese que tardar 15 minutos en desvestirme, y en esos 15 minutos podría arrepentirme de cometer el mayor error de mi existencia — me habló a mí misma, por si acaso.
Y por