18. Por favor, déjame en paz.
Michael recorrió la mansión en busca de Sophie, pero no lograba encontrarla en ningún lado.
Abrió puertas, miró debajo de escaleras, cada rincón donde pensó que Sophie podría haber buscado refugio. Pero ni rastro de ella, parecía que se había esfumado.
Mientras tanto, la joven permanecía acurrucada en un sillón desgastado de la habitación secreta de la mansión, se abrazaba a sus rodillas y hablaba en voz baja con el retrato de su madre limpiándose a ratos las lágrimas que surcaban su rostro.
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