100. ¿Qué demonios estás haciendo, Michael?
Michael despertó aturdido, con la cabeza latiéndole como si un tambor tocara un ritmo constante en su mente. Abrió los ojos lentamente, solo para cerrarlos de inmediato ante la luz que penetraba por las cortinas entreabiertas. Se encontraba en el sofá de su estudio, con la memoria emborronada y el sabor amargo de la resaca inundando su boca.
Con un gemido de dolor, se llevó una mano a la frente, tratando de contener la jaqueca que martilleaba su cabeza. Las imágenes de la noche anterior comenza