28. Narra Maverick
El aire en la suite de Londres era denso, casi irrespirable, cargado con el eco de la llamada de Dakota y el peso de la furia que aún me quemaba las entrañas por lo ocurrido con Harrington. Apenas cerramos la puerta tras de nosotros, el mundo exterior pareció desvanecerse, dejando solo el espacio cerrado entre los dos, una trampa de cristal y terciopelo que nosotros mismos habíamos alimentado durante semanas.
Anastasia dejó su bolso sobre la mesa del recibidor con un movimiento mecánico. Se qui