Emilia se colocó un vestido rojo confeccionado en seda pura, ajustado a su esbelta figura con un delicado cuello en V. Las mangas, diseñadas para caer fuera de los hombros, le daban un aire de sofisticación clásica. La prenda se ceñía hasta la cintura, destacando su silueta, para luego desplegarse en una campana hasta los pies. Los bordados y pedrería distribuidos por la tela brillaban bajo la luz, y aquel vestido la hacía lucir como una reina de la época dorada.
Emilia descendió las escaleras