—¿Qué planeas hacer, Dulcinea? Sabes cómo soy —le respondió Luis, con la voz fría.
Ella, con el alma rota, replicó:
—¡Lo sé! ¡Pero ya no quiero soportarlo más!
Lo que quiera hacer…
Luis, lo sabrás pronto.
—¿Puedes dejarme ir? —con voz ronca, ella suplicó—. Leonardo y su hermana todavía están en casa esperándome, no volví anoche, Clara debe estar muy preocupada.
—Te llevaré —Luis la sujetó.
—No es necesario.
Dulcinea retrocedió un paso.
Lo miró por última vez, grabando su imagen en su mente, para