—¿Complacerme? —replicó Dulcinea, con firmeza en su voz.
—¿Por qué crees que me interesaría complacerme con un hombre infiel? Luis, guarda tus esfuerzos para alguien que los quiera.
Intentó liberarse de su agarre, pero Luis no la soltaba:
—Vuelve a casa conmigo.
¿Casa?
Dulcinea se detuvo un momento, luego bajó la mirada y soltó una risa fría.
—Tú mismo no vuelves a acá, ¿cómo puedes llamarle casa?
Sus manos entrelazadas en la oscuridad reflejaban la complejidad de su relación: cuanto más intenta