—¿En qué piensas? —preguntó.
Dulcinea, con expresión distante, respondió:
—En Leonardo. ¿Cuándo va a venir? No estoy tranquila dejándolo solo en Ciudad BA.
Luis tenía un cigarrillo entre los labios, pero no lo encendió.
Acariciando suavemente su cuello, sonrió:
—¿Por qué preocuparte con Clara cuidándolo? Pero no te preocupes, en una semana como máximo estará aquí. Estaremos todos juntos.
Intentó besarla, pero ella se apartó.
Luis entendió sus pensamientos y, abrazándola, murmuró sensualmente:
—N