Se echó a reír, una risa desquiciada que se convirtió en lágrimas:
—Luis, estás loco. Por ella harías cualquier cosa. Ya no hay amor entre ustedes, y aún así te esfuerzas por tener un hijo con ella… ¿Y yo? Me estoy muriendo, ¿alguna vez pensaste en lo que me darías? ¿Una mansión de lujo que no puedo llevarme? ¿O interminables medicinas y cirugías?
De repente, Sylvia se abalanzó sobre él, abrazándolo con fuerza.
Se medio sentó en su regazo, utilizando su cuerpo para intentar despertar en él el de