Dulcinea había recuperado algo de peso.
Aunque seguía delgada, su cuerpo había ganado algo de carne, y su piel había recuperado la suavidad y el tono blanco de antes.
Llevaba un conjunto de estilo inglés, perfectamente ajustado.
Luis la miró fijamente durante mucho tiempo.
Esa sensación era como si hubieran pasado siglos.
A un lado, un trabajador de la tienda de novias preguntó nuevamente:
—Señor Fernández, ¿está bien colocar aquí la foto de usted y su esposa?
Luis volvió en sí y, por instinto,