Luis sostuvo el cigarro, su mano se detuvo.
Por un largo rato, con voz áspera, dijo:
—¿No es compatible? ¿Cómo puede ser? ¿No son hermanos de sangre, cómo es que no es compatible?
Catalina no pudo responder.
Las sorpresas, en este mundo, ocurren todos los días.
Luis no dijo nada más, simplemente se quedó quieto junto a la ventana, fumando su cigarro lentamente… Cuando terminó, dio instrucciones a Catalina con voz apagada:
—Ahora, arregla una prueba de compatibilidad para mí.
Catalina quedó atóni