Minutos después, se sentaron en una cafetería, con Emma en un sofá al lado, aburrida leyendo un libro, pero escuchando atenta.
Alberto miró a Emma y se sintió perdido.
Antes, Emma lo llamaba cariñosamente tío Alberto, pero ahora ella lo había olvidado.
Retiró su mirada y le dijo a Ana:
—¡Ha crecido tanto!
Su mirada hacia Ana era compleja.
Si Ana no hubiera olvidado el pasado, si no lo hubiera odiado tanto, cómo podrían estar tomando café juntos… Él recordaba claramente la noche en que ella inten