Mario solo decía la verdad.
Ana, de hecho, había ido a una cita esa noche, aunque no esperaba encontrarse con alguien conocido, y mucho menos que su cita fuera Facundo Pizarro.
Pero frente a Mario, no quería mostrarse vulnerable.
Ana se recostó contra la ventana, su voz teñida de frialdad:
—¿Y qué si es así? Mario, entre nosotros no hay ninguna relación, no tienes derecho a controlarme.
Él no respondió, limitándose a observarla en silencio.
Pasaron unos momentos y Ana intentó abrir la puerta del