Ana no esquivó la situación. Lo miró fijamente y le dijo:
—No puedo ayudarte. Se han ido al extranjero y no sé cuándo regresarán, y cuando lo hagan... no creo que vivan en el mismo lugar. Debes saber que en estos últimos dos años, mi hermano ha ganado mucho poder en la Ciudad de México, incluso más que yo. Si realmente quieren esconderse, no tengo forma de encontrarlos.
Alberto creyó en sus palabras. Lo único en lo que podía aferrarse era a la bondad de Ana. Pero cuando ella lo dijo, una sonrisa