Capítulo 437
Ella no quería que la viera así.

Desvió la mirada y, con voz apagada, murmuró:

—No es nada.

Se quedó en silencio un instante, luego añadió con resignación:

—Si la criada se lleva a los niños, ya no subiré.

Mario no se movió. A la luz tenue de la luna, sus ojos negros la fijaban intensamente, capturando cada una de sus expresiones. Incluso desafiante, preguntó directamente:

—¿Has llorado?

—¡No! —respondió ella.

Incapaz de soportar esa mirada intensa, Ana salió del auto y dijo:

—Yo misma iré a
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