Mario, sujetándola delicadamente del mentón, le propuso con voz ronca y seductora:
—Estamos en el estacionamiento subterráneo, en mi espacio reservado. Aquí nadie nos interrumpirá… aunque si lo prefieres, podemos ir a la oficina o a un hotel.
Su tono era tranquilo, sin embargo, su cuerpo delataba impaciencia.
Se mostraba ansioso.
Incluso tomó su mano para empezar a desabrochar su cinturón; ese momento era exclusivamente de ellos, impulsado por el deseo compartido…
Le murmuraba al oído, expresand