Le debía tanto a esa pequeña. El humo le ahogaba, y una lágrima emergió en sus ojos. No se atrevía a imaginar qué sería de ellos si Emma no superaba esta prueba, qué futuro les esperaría a Emma, a Ana…
Ya no aspiraba al perdón de Ana. Solo anhelaba su felicidad y seguridad…
Al amanecer, Mario buscó consuelo en la iglesia de Santa María de los Ángeles. En aquel recinto, envuelto en la tranquilidad de las montañas, se respiraba una atmósfera de serenidad y pureza. Aunque ajeno a la fe en deidades,