En lo más profundo de su ser, Gloria se sentía desolada. Ansiaba consolarlo, pero se enfrentaba a la cruel realidad de no saber cómo hacerlo.
El tiempo no lo cura todo; hay heridas que, cual espinas en descomposición dentro de la carne, invisibles por fuera, carcomen el alma hasta dejarla necrosada.
Mario, en su deseo de soledad, le pidió que se marchara.
Solo en la oficina, un temblor lo invadió. Encendió un cigarrillo y casi de inmediato lo apagó.
Los recuerdos asaltaron su mente, especialment