No obstante, él no se detuvo y, con determinación, rompió barreras, susurrándole al oído palabras incómodas sobre sus preferencias y cómo complacerla a cabalidad.
Ana no podía mirarlo directamente, pero el reflejo en el cristal revelaba sus siluetas… Él la mantenía firme; su expresión, imponente, intimidaría a cualquiera…
Ana se encontró incapaz de resistir; solo pudo soportarlo. Tras ese instante junto al ventanal, Mario la condujo a la cama del dormitorio, donde se fundieron…
La necesidad cont