A Mario se le hizo un nudo en la garganta. No pudo resistirse y la abrazó por la espalda, enterrando el rostro en el hueco de su cuello. Con la voz casi temblorosa, dijo: —Ana, por favor, dame otra oportunidad. No volveré a decepcionarte...
Ana se quedó paralizada, sin emitir sonido alguno.
Mario la giró y la miró con los ojos enrojecidos. Estaba desperado por besarla, intentando demostrar que ella seguía siendo suya, que entre ellos aún había posibilidad de reiniciar...
Ana extendió la mano par