Ana abrió el mensaje, era un documento enviado por Alberto pidiéndole que lo imprimiera. Decidió dejarlo de lado por el momento y levantó la vista para hablar con Mario. Pero Mario ya se estaba dirigiendo hacia las escaleras, diciendo con indiferencia: —Si tienes algo que decir, podemos hablar cuando regrese del extranjero.
En medio del agradable clima primaveral, Ana se sentía helada por dentro. Observó a su esposo alejarse, a la distinguida figura de Mario, y dijo suavemente: —Mario, siempre d