La atmósfera en la habitación seguía siendo animada.
Leo estaba allí; su relación con Mario había sido tensa desde siempre debido a Ana.
Cuando se encontraban, apenas se saludaban.
Al llegar la madrugada, pocos hombres quedaban en la habitación.
Mario seguía recostado en el sofá, fumando sin expresión alguna, rodeado de colillas en el cenicero.
Leo lo miró con desdén y burlonamente comentó: —¿Qué pasa, señor Lewis? ¿Problemas en la vida sexual con tu esposa que vienes a ahogar tus penas en el