Cuando Ana regresó a casa, Carmen aún no se había dormido.
La sorpresa se dibujó en el rostro de Carmen al enterarse de que la pequeña Shehy había entrado en su ciclo menstrual.
—¡Hasta los perros tienen su período! —exclamó, boquiabierta.
Ana, con cuidado, abrió un pañal desechable y se lo puso a Shehy. ¡Le quedaba perfecto! Parecía que, al llevar el pañal, la dignidad de la pequeña perrita se había restaurado.
Shehy comió algo de comida para perros, bebió agua y, a la hora de dormir, se ac