Ana observó la puerta donde se encontraban el juguete de Shehy, su comida y golosinas, todos colocados en una pequeña caja.
Mario ya no quería a Shehy.
Ana llevó las cosas adentro y dijo suavemente: —Él acaba de conseguir un gran proyecto y está en su momento de gloria, así que no volverá a buscarme. De ahora en adelante... yo cuidaré de Shehy.
Los ojos negros de Shehy miraban a Ana esperanzadamente, y pronto enterró su pequeña cabeza en su regazo, mostrando un fuerte apego.
María comentó: —¡