Mario era muy consciente de lo que Ana estaba pensando.
Después de haber compartido la cama durante varios años, conocía bien lo que a Ana le gustaba. No le importaba complacerla.
La vulnerabilidad de Ana cuando era presionada hasta el límite de su deseo sexual tenía su propia belleza, aunque esa noche él había considerado sus sentimientos y no había ido tan lejos.
Ahora, ella temblaba suavemente casi en sus brazos. Sabía que Ana estaba luchando internamente, debatiéndose entre amarlo y no ama