—“Nieta” —repitió Mario, con un dejo de sarcasmo antes de clavarle una mirada severa—. Pareces olvidar cómo trataste a Ana en el pasado. Me pides que traiga a la niña, ¿pero y qué de Ana? ¿Esperas que madre e hija se separen? No desees lo que no te pertenece. Deberías estar agradecida de que no te haya abandonado por completo. No vuelvas.
Las heridas del pasado se reabrieron con crudeza…
Isabel sostuvo la mirada de su hijo. Tras un breve silencio, soltó una carcajada.
—¿Entonces te rindes?
Conoc