34. Epílogo

Estamos en la cama y siento las manos de Ben recorriendo mi cuerpo; no tiene prisas, ahora que sabe que lo amo es mucho más delicado, no busca tanto su satisfacción como la mía.

—Te amo, Ben —susurro en su oído mientras lo muerdo con delicadeza.

—Y yo a tí, mucho más de lo que te imaginas.

—Lamento haber tardado tanto.

—¿Estás loca? Todo llega a su tiempo y éste es el nuest

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