C66-MAMÁ NO DIGAS MENTIRAS
Jimena se giró rápido, su cuerpo tenso como un resorte. Vio a William en la puerta, y por un segundo, el alivio la invadió; William entró al cuarto con pasos decididos, a pesar de sus ocho años y se paró al lado de Angela, como un príncipe protegiendo a alguien en apuros.
—Mamá, ¿por qué dijiste eso?
Jimena sintió un nudo en el estómago; estaba en un aprieto, con su propio hijo cuestionándola delante de la niña.
—¡William! Cariño... esta niña... estaba diciendo unas