46. Quédate esta noche
Maximiliano baja la mano y solamente puede ponerse más cerca de su cuerpo.
—Es culpa mía.
Maya aguanta el aliento. Quiere reír ahora por lo coartada que sostiene ahora su jefe…¿Jefe? Realmente lo ha dicho. Y siente sus manos en su hombro. Le está subiendo la tira fina que pertenece a su vestido. Son sus dedos quienes la hacen mantenerse lejos de la sensatez.
—No —sus labios no quieren sellarse en este momento—. No lo es. Fui yo quien lo hizo.
Maximiliano mantiene su mirada justo en ella.
No cab