206. Una calma que no puede descifrar
—Descuida. Vamos…
Maya tiene que tomar un poco de aire antes de ver cómo Alejandra empieza a conducir. Se pone hacia el respaldar y deja caer la cabeza. Ya que no hay más nada que le interese sino calmar este revoltijo desde adentro hasta afuera. Mantiene fuerzas intentando apaciguarse. Y no puede dejar de recordar la mirada de su madre una vez más. No sabe cómo puede entender los pensamientos horrorosos que se les pasa por la mente. Ni buenos, ni malos…sólo insoportables de pensar. Escudriña