184. La amaré toda mi vida
Roy Sidney tuvo un poco de circunspección al instante de oír esto. Mantenía su mano en el escritorio y tanteo con un dedo la misma, y se echó a reír sin ganas. Entretanto buscando un índice de broma, se calló lentamente cuando se percató de la seriedad con la que se presentaba Maximiliano. Sin un rastros de agudeza.
Roy Sidney tuvo que cruzarse de brazos. Después de un largo tiempo sin mantener una conversación como está parece ahora elocuente y más de unos monosílabos. Volvió alzar su ceja,