154. Perdiendo los estribos
Pasa entonces por su lado. Marchándose.
Ella gira el rostro. El aroma del perfume inunda sus sensaciones. Y le hace estremecer, porque ha sido el aroma que se ha impregnado incluso en su piel aquella vez que él mismo la había tomado frente de su cristal, en la oficina que tanto recuerdos le acribillan, en donde sentía un mismo hogar.
No sabe cómo seguir otra vez y volver a la realidad y no perderse al pensar en Maximiliano. Verlo de aquella manera, de golpe, que con solo simples palabras l