Capítulo 31; Señales para no amar.
—¡Que alegría conocerla!— le dijo con una sonrisa forzada — estoy muy agradecida por lo que hizo por mi.
—Nada de eso, hija. ¿Puedo pasar?
¡Santo Dios!
—Si, por supuesto, adelante — se hizo a un lado para permitirle el acceso a la mujer. — lamento mucho que me haya encontrado en estás fechas, yo... me había quedado dormida, aprovecho de descansar siempre que puedo.
—No te preocupes—le sonrió.
—Por favor, tome asiento—señaló el sofá— iré a colocarme algo de vestir y volveré para preparar un te